Español

Una traductora malhablada

27 marzo, 2018

Pues sí, soy muy malhablada. Ya no solo porque diga muchos tacos, que también, sino por los palabros que me invento según me conviene y por la cantidad de palabras que digo y uso mal…

Se supone que yo, metida en este mundo de las letras, debería hablar a la perfección, pues no.

– Mama, tengo que comprarme un lule. 

Lule, ahí la llevas, la primera palabrita que digo, bueno, mejor dicho, decía mal, que rectificar es de sabios.

Otro de mis palabros tiene aún más delito, aunque mucha lógica:

¿Qué es lo que hago yo (y tú) cuando estornudo?

¡Achús! (bueno, también se hace ¡Achís!, pero yo soy de la primera).

Pues ya está, yo no estornudo, yo «achuso».

Muy fea sí, pero a mí vino un día cuando más la necesitaba, y conmigo se ha quedado, y no te creas, la uso hasta en los entornos más comprometidos: hace poco fui al hospital a recoger unas pruebas y le comenté a la doctora que el riñón me seguía molestando cuando… y es que la palabra estornudo no sé por qué no me viene nunca a la cabeza, pues ya está, cogí mi recurso, «cuando achuso». Claro, la doctora… imagínate tú… pensaría: «¿Cuándo «achusas»? Apañadica está esta…», pero bueno, yo la usé, me vino, lo siento.

Y ya, lo más de lo más:

Yo me «Arrasco», así, con la «a» mayúscula, para que suene más todavía.

Me enteré hace relativamente poco de que estaba equivocada en el uso de la palabra, de que la decía mal, de que todo parecía indicar que seguía siendo malhablada a pesar de mis intentos por erradicar todos mis fallos. Estaba en clase de Lengua en la universidad, y el gran Manuel Martí me escuchó pronunciar la palabrita y ¡zas!, fuera la «a»:

– María, nos «rascamos», no nos «arrascamos».

¡Ojo! Tengo que decir a mi favor que no fui la única de la clase a la que se le cayó un mito, ahí lo dejo.

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