Varios

Mi adicción a los bolis

17 octubre, 2017

De nuevo estoy aquí para cumplir mi palabra y deleitar a mi compañero @henares1, traductor de español a neerlandés y viceversa, que me pidió que hablara un poquito más sobre mi adicción a los bolis (para el que ande un poco perdido, en la anterior entrada que le dediqué, hablé de todos los que tenía en mi lugar de trabajo).

Bien, pues mi adicción a los bolis no tiene nada de curioso ni de especial. Creo que todos los que andamos enfrascados entre apuntes, libros y todas estas cosillas, tenemos predilección por los colorines, el efecto subrayado, las puntas de los bolis y demás. Para el que no me siga, lo explico un poquito.

Yo vengo de familia ascensorista. Pues bien, para mi padre o mi tío, por ejemplo, una de las maravillas a contemplar de cualquier sitio al que vayamos es, nada más y nada menos, que el ascensor. Sí, sí, el ascensor. Nosotros vamos a Bilbao y damos un paseo por el casco viejo y, ¿dónde se paran? En las escaleras mecánicas. Sí, a nosotras nos da tiempo a echar fotos a Bilbao de arriba a abajo y ellos siguen allí, vislumbrando sus características, ensimismados. Qué tendrán. Bien, pues a mí me pasa lo mismo con los bolis y demás artilugios de papelería, pero sobre todo, con los bolis. Yo entro en una papelería y no sé qué me da, qué sensación más buena, oye. Tanto colorinchi por ahí, ese olor a hojas, poder toquetear casi todo… Qué gusto.

Cierto es que lo de los bolis ha traspasado ya fronteras. No me caben en ningún sitio.

La cosa es que las dos veces en mi vida que he tenido tiempo suficiente como para hacerlo, me he puesto a probar a ver si escribían y la mayoría ya ni pintaba.

¿Y sabes lo que ha hecho María después de tirarse dos horas probando bolis?

Volver a guardarlos.

Así me pasa, que cada vez que voy a coger uno, tengo que probar 25 porque ninguno escribe, pero son tan cuquis

Así que el origen de mi gusto por los bolis es mi pasión por las letras, por escribir, por estudiar… van unidos.

Luego está ya el extremo. Yo es que soy así, o blanco o negro. Cada vez que voy a un sitio, me tengo que comprar o llevar un boli. Da igual de donde sea.

Las típicas tiendas de souvenir se frontan las manos cuando me ven aparecer. El problema es que mi enganche ha pasado ya a ser un vicio malo.

¿Tienes el típico amigo, compañero, familiar que te pide fuego y cuando te metes en el coche y te vas tú a encender un cigarro te das cuenta de que se ha quedado con tu mechero?

Pues ojo conmigo con los bolis. Voy a echar gasolina, me dan el boli para firmar, y me lo llevo. Voy al Corte Inglés (¡ay lo que me gustan a mí los bolis del Corte Inglés!), y si no me dan boli para firmar, si puedo, me lo llevo también, y así siempre… Soy tan exagerada que me llevo hasta un simple boli BIC.

Bueno, ya me he confesado, este es mi problema.

Por cierto, gracias @henares1 por dejarme escribir y gracias también por ampliar mi colección después de mi primera entrada.

Como siempre, espero que te haya gustado.

Un abrazo, María (@NSMtraductor)

www.nosinmitraductor.es

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