Español

El lenguaje de los documentales

26 marzo, 2017

Últimamente no puedo dormir.

Supongo que estarás pensando que por qué te estoy contando esto. Bien, es que mi sueño, o mejor dicho, mi falta de sueño, tiene mucho que ver con el lenguaje que utilizan en los documentales.

Retomo la historia.

Bien, te estaba diciendo que últimamente no duermo muy bien, entonces me dije: «Bueno, pues voy a ponerme un documental a ver si así me quedo dormida antes».

En qué hora…

Lo primero: esa voz.

Esa voz que no sé por qué me encanta, me engatusa. Eso sí, eso me pasa cuando habla un hombre; con la voz de la mujer no me pasa lo mismo. No lo entiendo ;).

Pero es que luego empieza a usar unas metáforas, unas palabras, unos adjetivos… Que entre que a veces me pregunto: «¿Qué ha dicho?» y me paro a pensar para intentar entenderle y que otras veces me paro a visionar la imagen de las metáforas que utiliza… Me duermo más tarde todavía.

«Gladiadores gigantes»

¿De qué va el documental? Imagínate… Russell Crowe vestido de gladiador luchando… Su armadura…

Pues no.

Nada más y nada menos que leones marinos; esos, esos son los gladiadores gigantes. Qué lujo.

Claro, para los gladiadores gigantes la tierra es su «campo de batalla».

Qué bonito.

Después, los pingüinos. Como me gustan a mí los pingüinos. Así caminando pasito a pasito de un lado a otro y vestidos de chaqué. Me encantan.

Pues los pingüinos, antes de «volver a su elemento» «calientan motores en sus nidos». Imagen: todos los pingüinitos tan graciosos ellos lanzándose al agua para regresar a casa.

Pasamos a una especie de gaviotas que no conseguí quedarme con el nombre. Bien. Os pongo en contexto. Australia, mes de junio, no sé cuantos grados, pero mucha mucha caló. Estos pajaritos se van. No aguantan.

«Los vientos aulladores les impulsarán alrededor del mundo».

Los que no se van pronto, mueren, y así lo narra la voz:

«Pronto no quedarán más que las sobras para resistir a otro invierno brutal».

Y es que es increíble porque:

«Una vez en el aire puede que no regresen nunca a casa durante “una década” y siempre en compañía de los brillantes cielos y libres de las ásperas ataduras de la tierra».

Olé. Qué frase. Qué sentencia.

Posdata: Lo de la década no sé yo si lo cogí muy bien. Pobre pajarito más de diez años volando. Así estuve yo, imaginando cómo comería, cómo dormiría y cómo todo en el aire sin pisar la áspera tierra durante diez años. Y así pasó, que María no durmió.

¡Qué grande el español!

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