Interpretación

Mediar o interpretar, esa es la cuestión

26 febrero, 2017

A lo largo de mis clases en el Máster TISP he asistido a varios debates sobre la profesión del intérprete en los servicios públicos.

El que más lata me ha dado es el que se centraba en sus funciones, en los deberes y obligaciones morales que tienen estos intérpretes en el ejercicio de su profesión.

Hay quién sostenía que de mediadores culturales teníamos poco, mejor dicho, nada. Otros, más cercanos a mi pensamiento, opinaban lo contrario.

Para el que no esté muy familiarizado con el tema diré que, al mediador cultural se le caracteriza por ser eso, un puente entre culturas (que no tiene por qué ser entre lenguas) cuyo principal objetivo es tratar de solucionar conflictos de diversa índole, salvar las diferencias existentes entre las dos piezas de un puzle, el del mundo, el de la sociedad. Eso, son la clave para que las diferencias no lo sean, para que el mundo sea mundo para los que no tienen la oportunidad de verlo como tal.

¿Y el intérprete en los servicios públicos? ¿Cuál es la definición más apropiada para describir sus funciones?

Bien, desde mi humilde opinión, no hay definición estándar para ninguno de los dos grupos que, en muchos momentos, se solapan.

Me refiero siempre a casos en los que distintas lenguas y culturas se enfrentan. Procesos de comunicación entre dos o más personas en los que una siempre es vulnerable. Vulnerable por no conocer la lengua del lugar en el que se encuentra ni, en muchas ocasiones, el funcionamiento del sistema. Vulnerable por encontrarse en un medio en el que se tratan temas arduos.

Cuando vamos al médico, no siempre lo hacemos porque tenemos un pequeño dolor de tripa. En la comisaría se tratan asuntos mucho más peliagudos que la renovación de pasaportes.

El intérprete en los servicios públicos se encuentra con muchas complicaciones en las que ha de saber mediar. Servir de puente entre lenguas y culturas, entre personas que pertenecen a dos mundos diferentes y posibilitar que tanto unos como otros puedan, no solo ejercer sus derechos, si no hacerlo sin barreras.

Mi conclusión…

Considero por tanto, que el intérprete que ejerce en los servicios públicos tiene mucho de mediador. No solo consiste su trabajo en pasar las palabras que dice uno a otro idioma para que el de enfrente lo entienda. No. Hay cultura. Hay comunicación no verbal. Hay valores. Hay un mundo diferente de por medio y, lo más importante, hay situaciones delicadas en las que mucho más que una vomitona de palabras se necesita.

El intérprete en los servicios públicos es un personaje (en el buen sentido de la palabra) polifacético. Sabe hablar varias lenguas, sabe interpretar, sabe mediar y sabe, al menos en mi opinión, ejercer de ese pepito grillo que siempre aparece en los peores momentos para servir de ayuda y apoyo y para conseguir para los demás lo que no hacen otros, hacer de la nuestra una sociedad mucho más enriquecedora, más justa y más humana.

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